Un antes y un después de Silas

Luego de que el brasileño dejara San Lorenzo, otros dos compatriotas aspiraron a jugar en su puesto, pero tuvieron pocas oportunidades. Recordamos la historia de Edilio y Evandro por Boedo
La relación entre San Lorenzo y los nombres surgidos en Brasil nunca fue descollante. Uno de los pocos que lograron cambiar esa máxima fue Elba de Pádua Lima. Tim, como lo llamaban todos, llegó a San Lorenzo en 1967 y dejó su marca impregnada para siempre. Llevaba casi dos décadas sin calzarse los botines, pero poco menos de un año recorriendo el Gasómetro le bastó para grabar su huella: se convirtió en el padre de los Matadores, el primer equipo del fútbol argentino en consagrarse invicto (Metropolitano 1968).

Aunque no fue el primero. En 1933, por ejemplo, Juan Ramón (1 PJ) y Agustín Teixeira (2 PJ) inauguraron la llegada de jugadores brasileños al club. La mayor exposición se conoció cuando los hermanos Do Brito, Petronilo y Waldemar, se calzaron la azulgrana y sumaron 56 goles entre los dos (jugaron 53 y 46 partidos, respectivamente). Petronilo, el primero en firmar, permaneció hasta 1935. Waldemar, por su parte, siguió cinco años más para luego seguir escribiendo su historia en otros lares y, una vez retirado, volvió a las primeras planas al descubrir a Pelé entre los talentos de Bauru Atlético Clube.

Los años siguientes casi no hubo arribos desde el país de la samba y la alegría, según los datos que acerca Ramiro Azemar (@SL_Encantador): llegaron Alberto Zarzur en 1935 (1 PJ), Belisario Edgardo Olivera en 1961 (6 PJ), Joao Mallman en 1969 (27 PJ, 18 G), Martha da Freitas en 1963 (9 PJ, 2 G) e Ivo Diogo en 1964 (7 PJ, 1 G). Hasta que, en 1994, la aparición de Paulo Silas rompió con la monotonía.

Temido por los rivales y admirado por los hinchas, el 10 nacido en Campinas guió a San Lorenzo en el Clausura 1995 y levantó el trofeo que cortó una sequía de 21 años. Y su posterior partida en 1997 dejó un vacío que ninguno de sus compatriotas pudo llenar. Ese año, por ejemplo, arribó Luis Fernando, un defensor que jugó 47 partidos hasta 1998 y convirtió cuatro goles, dos de ellos a River y Huracán.

Pero, una vez que se fue, ningún jugador con documento brasilero volvió a pisar el club hasta la última década. Fue en 2004 cuando arribó Luis Fornari, una promesa con pasado en Paraná Clube y el Getafe de España. “Para mí era importante jugar en la Argentina. Cuando llegué conocí la grandeza del club y de sus hinchas. Recuerdo que con el primero que conversé fue Montillo”, revela quien hoy es auxiliar técnico en Corinthians.

Evandro, como lo conocen en Brasil, apenas probó su suerte en la Reserva. “Me molestó no tener muchas oportunidades para jugar, pero había canteranos en mi puesto como Barrientos, Lavezzi, el mismo Montillo… Todos con buena calidad”, asegura. Y esos apellidos no le dejaron lugar: “Resolví volver a Brasil para jugar en Avaí y seguir adelante mi carrera. Así y todo, agradezco la posibilidad de haber jugado en un grande de la Argentina. Ojalá algún día pueda volver a trabajar en el país”.

Evandro, de gorra, acompañando a Tiago Nunes como su ayudante de campo en Corinthians.
A los pocos meses, ya en 2005, llegó Edilio Cardoso de Oliveira, quien completó las Inferiores en Boca pero casi no sumó minutos en Primera. Poco cambió en Boedo. “Llegué como una apuesta y el Bambino no miró prácticamente en la pretemporada. Cuando empezó el campeonato local, vio que lo podía ayudar, pero era tarde”, recuerda.

Edilio jugó solo en la derrota 2-0 frente a Argentinos en el Nuevo Gasómetro y, como San Lorenzo perdió a los pocos días por la Libertadores, Veira dio un paso al costado. “Gabriel Rodriguez asumió -cuenta- y me borró del mapa. No me hacía jugar ni en Reserva… ¡Hasta me separó del grupo! Yo tenía un año más de contrato y con Alfaro pasó algo parecido porque no me conocía”.
Edilio vive desde septiembre de 2018 en Florianópolis y se dedica al rubro de la construcción.
Su carrera continuó por distintos clubes como Almirante Brown, Estudiantes de Caseros, Real Cartagena de Colombia y otros más, hasta que se retiró en Berazategui (2018). “Me arrepiento de haber rescindido… Tendría que haber esperado. Lo poco que jugué mostré estar a la altura, pero el fútbol tiene estas cosas y manoseos por intereses económicos”, dice. Un antes y un después de Silas.
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