El clásico de Junior, el San Lorenzo de Colombia

Conocé la historia del Unión Magdalena, el clon colombiano de San Lorenzo: viste sus mismos colores, luchó por recuperar sus tierras y, entre otras cuestiones, es el clásico de Junior, rival de esta tarde. “Son vidas paralelas”, resume Alberto Linero, un reconocido hincha del club costeño.

Las banderas se agitan de un lado al otro. Poco a poco, el cielo se tiñe de azulgrana, el color de la fe. Pero esta vez no es en San Juan y Boedo, aquella esquina que fue sede de tantos festejos. En realidad, es a más de 7.600 kilómetros de ese barrio donde descansan los cimientos de una vida santa. Tanto flamea la tela que el aire se transforma en un Ciclón. No cualquiera: se trata del Ciclón bananero, ese al que Carlos Vives ya le escribió unos cuantos temas.

La historia del Unión Magdalena quedó impregnada en la arena del Caribe colombiano en 1968, cuando se convirtió en el primer equipo de la zona en consagrarse campeón. También inauguró la participación de clubes de dicha región cafetera en la Copa Libertadores, la competencia que esta tarde enfrentará a San Lorenzo con Junior, su clásico rival.

Detrás de los pergaminos de gloria, el equipo costeño esconde una vida de penurias. Por ejemplo, los 13 años que pasó anhelando su regreso a la máxima división de su fútbol, que lo consiguió a fines de la temporada anterior. Al mismo tiempo, debió peregrinar por los distintos predios hasta que, con las piernas cansadas de tantos recorridos, sus hinchas pudieron disfrutar el regreso a su Santa Marta natal. Porque los colores y el apodo no son el único parecido que une a San Lorenzo con su par colombiano. También los enlaza una crónica de lucha.

El Ciclón bananero, el nombre que adoptó debido a la brisa que en el verano cosquillea por la ciudad en la que se crió, jugó fuera de su distrito durante cinco años. “En 2013 el alcalde inhabilitó nuestro estadio, el Eduardo Santos, para cualquier evento público. Desde ese año hemos tenido que jugar en diferentes lugares”, relata Fernando Ardila, gerente del club. ¿Los motivos? “Nunca fue remodelado y sufrió cierto deterioro. El tema del mantenimiento es importante porque, al ser una ciudad costera, la sanidad y la brisa complican las cosas”, explica la autoridad.

La tuvo brava, el Unión. Además de lidiar con las pálidas deportivas, debió mudarse de predio en predio hasta que, en 2018, regresó a su lugar. Pasó por Riohacha (La Guajira), recorrió Ciénaga (Magdalena), Carmen de Bolívar, y hace dos años se mudó a Magangué, la ciudad en la que se cruzan tres ríos. “En 2017 se inauguró el estadio Sierra Nevada, con motivo de los XVIII Juegos Bolivarianos. Hubo gestiones por parte del presidente del club con el gobierno de Santa Marta para que el Unión Magdalena regresara a su lugar”, comenta Ardila.

Sucede que el terreno en el que forjó su leyenda -que presume una estatua del Pibe Valderrama a metros de la entrada- no pertenece al club, sino al distrito. Es por eso que, desde su lugar, los feligreses pasaron un quinquenio luchando por la vuelta, al igual que los hinchas de San Lorenzo. “Hemos hecho protestas, caminatas… De todo. Sin estadio ha sido muy difícil”, retrata Alberto Linero, un reconocido fana del equipo colombiano, que en septiembre renunció al sacerdocio.

De hecho, su vínculo con la religión hizo que, en 2017, cuando Jorge Bergoglio visitó Colombia, los seguidores soñaran con presentarle una camiseta del Unión. “La idea -recuerda- era que vea que era azulgrana como la de San Lorenzo y nos adopte. Que le pida a Dios que nos ayude, porque con mi oración no ha bastado… Cuando el Papa le dio su bendición salió campeón y ganó la Libertadores. Eso estaba buscando la gente”.

Obviando los miles de kilómetros que los separan y los detalles característicos de cada club, la historia de Unión Magdalena tiene varias similitudes con la de San Lorenzo. “Son vidas paralelas. Me parece una coincidencia terrible”, describe Linero. Ahora, mientras el Ciclón sigue soplando para derribar a Carrefour y recuperar el predio del que le obligaron a despedirse, en Santa Marta rezan por regresar al estadio Eduardo Santos, su Gasómetro. “El año pasado fue nombrado como patrimonio nacional cultural histórico. Se espera que sea remodelado para que vuelva actuar el Unión, tenga centros comerciales, tiendas deportivas… Tiene una ubicación muy central y de fácil acceso para la gente”, admite Ardila. Son almas gemelas.

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