Claudio Zacarías: una carrera detenida por la barbarie

A más de 30 años del estallido de una bomba que a punto estuvo de matar a Claudio Zacarías, jugador de San Lorenzo, en el vestuario de Instituto de Córdoba.
La imagen de la agresión que casi le cuesta la vida a Zacarías.

El 8 de mayo de 1988 ocurrió uno de los hechos más violentos por parte de una barrabrava contra un futbolista en la historia del fútbol argentino. La víctima fue Claudio Zacarías, quien jugaba en San Lorenzo. El hecho sucedió en el vestuario de Instituto de Córdoba, donde explotó una bomba de estruendo lanzada por manos que quedaron en la impunidad de por vida. El técnico azulgrana era el Bambino Veira. “Yo creí que se moría”, contó él poco después de aquella angustiosa jornada. Agremiados hizo un fin de semana de huelga, al equipo cordobés le dieron por perdido el partido y le descontaron dos puntos, además de recaudaciones. Pero para Claudio su vida quedó marcada: “Me quedó sólo la duda de no saber dónde hubiese llegado mi carrera de futbolística. Yo tenía 23 años y San Lorenzo había recibido una oferta de un equipo francés. Quizás hubiese jugado en la Selección“, dijo hace unos años Zacarías.

El artefacto explotó en la boletería que estaba pegaba al vestuario. Se desprendió un vidrio que le terminó dando en la axila izquierda, muy cerca del hombro. Perdió 2,750 litros de sangre, cuando lo normal en el cuerpo es cuatro litros. De inmediato lo llevaron al hospital y despertó después de dos días. Fue casi un milagro que eso haya ocurrido y a los 40 días de aquel desagradable hecho nació su hija: ¿El nombre? Milagros.

El árbitro Juan Carlos Loustau ya estaba en la cancha, había salido a las 15.25hs, antes que los equipos. Se acercó al círculo central, giró, miró hacia el túnel y escuchó una voz llena de angustia: era la del Nano Areán: “yo salí del vestuario y le empecé a gritar a Pichi (se refiere a Loustau): vení que pusieron una bomba’. La verdad que estuvo diez puntos”, memoriza de esos momentos traumáticos el propio Areán.

Las crónicas indican que del vestuario lo sacaron José Luis Chilavert (quien estaba prácticamente al lado de Zacarías al momento del estallido) y el Negro Juan Mendoza, kinesiólogo de aquel equipo.

La rapidez en sacarlo del vestíbulo y llevarlo al primer nosocomio fue la causa principal para que Claudio sobreviva: pasaron solamente 25 minutos.

El doctor Hugo Lobbe, médico traumatólogo de San Lorenzo, contó unas horas después: “La herida cortante tocó el dorsal ancho y el pectoral mayor, con lesiones venosas. Lo prioritario ya se hizo: parar la hemorragia y transfundirlo. Ahora lo vamos a trasladar al Hospital Español de Córdoba, tiene que actuar un neurocirujano, en lo posible hoy mismo, porque está afectada la movilidad y la sensibilidad del brazo izquierdo. Si todo va bien y no hay complicaciones tiene para seis meses de recuperación”.

Claudio Zacarías, subido al móvil policial para ser trasladado al hospital.

Luego de una hora de incertidumbre, Loustau hizo lo más atinado: ‘Suspendo por recomendación de los médicos, los jugadores de San Lorenzo no podían actuar en ese estado de ánimo y bajo esas condiciones”, dijo en ese momento. A las 16.22hs el partido quedaba a decisión de la AFA. Por las vueltas de la vida, a esa misma hora el propio Zacarías estaba en el quirófano. Tras dos operaciones, Claudio salvó su vida y también su brazo.

Amén de lo futbolístico, a Zacarías le cambió su vida diaria por completo: Perdió prácticamente de forma completa la movilidad de su mano y el 70% de incapacidad en el brazo.

Zacarías despierta y revive aquel hecho junto a “El Gráfico”. Foto: El Gráfico

“Somos cabeza dura”, dijeron Zacarías padre e hijo a la revista El Gráfico, con Claudio habiéndose despertado apenas unas horas antes después del terrible suceso y por eso, siete meses después Zacarías volvió a jugar: “La luché como loco, pero no fue lo mismo. Era imposible jugar como lo hacía yo. No podía pelear con delanteros corpulentos y se me hacía muy duro”. A los 27 años dejó de jugar al fútbol en Primera y luego del abandono regresó a jugar en la B Nacional para Talleres de Remedios de Escalada, hasta el retiro total, a los 30 años.

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