"Diablo" Monserrat: “No tengo tiempo para ver fútbol”

A 25 años de su gol a Racing, el Diablo Monserrat recuerda sus épocas como jugador y las compara con su presente. Habla de sus días en el campo, el incendio que destruyó su casa y el sueño de dirigir con dos ex San Lorenzo. “Lo más lindo de hoy es que disfruto de la familia”, dice.
Mario Sar - Infobae -

Arranca Netto y lo ve a Silas, que recorre la banda derecha bailando una samba. Por el medio aparece el Gallego González, pero cambia la gloria por un pase a la izquierda. Monserrat la baja con el pecho y define con un zurdazo cruzado. Ni siquiera tiene fuerzas para festejar. Van 33 minutos del segundo tiempo y debe guardar energías para el cierre. No le quedan muchas: se pasó el sábado viajando desde Mar del Plata, donde se quedó con la medalla de oro de los Panamericanos. Y, si bien llevaba semanas sin ver a sus compañeros, entendía que su compromiso del domingo con el club era indeclinable. “Llegué el día anterior y el Bambino me dijo que comiera con mi familia para después sumarme a la concentración”, recuerda.

Roberto Monserrat (51) acusa no tener buena memoria, pero no se permite olvidar cada instante del Clausura 1995. En especial ese 2-1 frente al Racing de Diego Maradona, que hoy cumplió 25 años. “Siempre estábamos ahí, pero no se daba. Era mi tercer año en el club ya… Dios nos ayudó. Haberlo definido en la última fecha y ganar algo después de 21 años tuvo otro sabor”, dice el Diablo. Aunque no añora esas épocas: hoy sus horas se dividen entre los trabajos en su campo y los salones de fiestas infantiles que administra, siempre acompañado de su familia. “Con todo esto del coronavirus -explica- no sé cómo vamos a hacer, porque hay que pagar un alquiler, tengo gastos fijos… Hoy está todo suspendido”.

Reviví aquel gol del “Diablo” en aquella victoria ante Racing en Avellaneda por el Clausura 1995.

¿Nada de fútbol ves?

-No, cero. Pensá que de lunes a viernes llego a las 10 de la noche, los sábados juego y los domingos vengo tarde de laburar… No tengo tiempo para ver fútbol. Sé que igual tengo que empezar a prestarles atención a otras cosas, porque quiero ver si ya empiezo a dirigir, si agarro algún equipo… Pero para eso hay que ir a las canchas y hacer un montón de cosas que preferí postergar, porque estoy con mi familia.

Pero seguís jugando, entonces. Más allá de algún partido en el Senior de San Lorenzo…

-Sí, siempre juego con mis amigos en un campeonato barrial. Había arrancado la semana pasada, pero tuvimos que postergarlo. Igual corremos y entrenamos por nuestra cuenta. Ahora me pongo a jugar con mi nene, el más chiquito, que está acá conmigo. Es zurdo… Le digo que tiene la derecha para caminar nomás, ja.

Monserrat vistió la azulgrana entre 1992 y 1996, cuando conoció a Fernando Galetto y a Claudio Rivadero, con quienes se imagina dirigiendo. “Jugamos en el mismo equipo en Córdoba, nos vemos, salimos a comer con las familias… Tenemos muy buena relación. Pero viste cómo es todo: tenés que estar, mostrarte, y un montón de cosas que no hacemos”, cuenta. Porque el exvolante, que le dedicó 17 años de su vida al profesionalismo, aprendió a disfrutar la vida de otra manera: “A Nazarena (20), Magalí (17) y Nicolás (15), mis hijos que viven en Capital, no pude ni llevarlos al colegio. Ni un cumpleaños, ni un bautismo… Siempre estaba concentrando. A Virginia (12) y Santiago (10), que viven en Córdoba conmigo, los llevo a todos lados. A patín, a fútbol, tengo las reuniones de padres en el colegio y voy… Lo más lindo de hoy es que disfruto de la familia”.

De izq a der: Rivadero, Ortega Sánchez, Monserrat, Netto, Passet, Gallego González y Ruggeri, festejando el título del Clausura 1995 ante el hincha de San Lorenzo.

Pero debió pelearla. En julio de 2017, por ejemplo, un incendio destruyó su casa. Una semana más tarde le robaron el auto. Y las llamas que apagaron gran parte de su historia lo obligaron a reconstruir su vida. “Son cosas que pasan. A mí se me prendió fuego la casa y me quedé con lo puesto. Perdí todos los recuerdos que tenía del fútbol y un montón de cosas más. Fue duro, pero salimos adelante todos juntos”, esgrime.

¿Pudiste recuperar algo?

-Sólo tres camisetas que le había regalado a mi abuela cuando jugaba, porque vivía con ella. Tenía una de River, una de San Lorenzo y otra de Belgrano. Lo que más lamento es que el día que me separé con mi ex de Buenos Aires empecé a escribir un montón de cosas. Tenía hojas de a montones contando todo lo que me había pasado en la vida desde ese momento. Les dije a mis hijos que cuando fueran grandes se los iba a dar para demostrarles lo que sentía por ellos y todos los problemas que habíamos pasado.

Pero, dentro de todo, fue un milagro que no hayan estado ahí.

-Ni hablar. Uno agradece también, porque si hubiera estado no estaría contando el cuento ahora: hubiese tratado de salvar las cosas más importantes. Con todo lo que tenía, las cosas de valor e importancia para mí, los recuerdos… Por más fuego o humo que hubiera, yo me iba a meter igual a buscar lo que tanto me costó. Pero no lo sufrimos porque yo me había ido a pescar y mi señora había salido con los chicos. Cuando volvimos no encontramos nada: sólo humo, cenizas, a la Policía y los bomberos pidiendo que les firmáramos el papel de que habían estado ahí.

Y salieron a flote: hoy están viviendo en la casa que levantaron…

-Sí, vivimos acá hace casi 15 años. Con el tiempo empezaron a levantar de a poco, con la ayuda de algunos familiares y amigos, y hoy solo nos falta lo que se quemó. Lo importante es que la familia está bien y que hoy podemos disfrutar juntos.

  • Monserrat, San Lorenzo